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Las instituciones educativas del siglo XXI asisten desde hace algunas décadas a un profundo y generalizado cambio, el cual es visible
en todos los contextos en los que transcurre la enseñanza.
Este cambio refleja, en las aulas, las sustanciales modificaciones que está experimentando la sociedad: la confluencia de diversas culturas,
la existencia de múltiples capacidades, la pluralidad de intereses, necesidades y motivaciones.
En definitiva, existe una diversidad de diversidades, la que se refleja en la forma en que cada alumno aprende.
En este contexto, el reconocimiento de las diferencias en el alumnado es no solo una característica, sino un valor y un derecho fundamental
de las personas y de los colectivos.
El modelo de la diversidad parte del reconocimiento de la singularidad de todos los alumnos, a quienes se deben proporcionar todas las
ayudas, tanto individuales como a la comunidad educativa que los incluye (dimensión ontológica).
Se sustenta en la concepción de los derechos humanos, en el reconocimiento de “lo común” y en el respeto por aquello que determina también
características propias, las que nos hacen distintos a unos de otros (dimensión axiológica).
Finalmente, desde una dimensión metodológica, este modelo reconoce que el contexto debe ser el responsable y el generador de los apoyos, para garantizar las condiciones de equidad que permitan el acceso igualitario a la participación en la vida comunitaria y en el aprendizaje. 

Promover una enseñanza de calidad, desde el modelo de la diversidad, exige un esfuerzo en el que deben confluir prácticas y compromisos de diversos sectores (políticos, sociales, culturales, educativos) y exige también una manera diferente de pensar la enseñanza, estableciendo planteamientos didácticos que reconozcan la diversidad de los alumnos que pueblan las aulas y promuevan estrategias en el  proceso de enseñanza, dando cabida a la diferencia, favoreciendo respuestas flexibles en contextos educativos cada vez más diversos.

Publicado en Revista 137

En este momento histórico, nuestro sistema educativo se enfrenta al desafío de conquistar a sus alumnos y familias a través de nuevas políticas.
Entre ellas, la del Programa de Maestros Comunitarios. Relato de la experiencia en la escuela Nª35 "Fructuoso Rivera" de Minas.

 

Publicado en Revista 121

Relato de la experiencia realizada en la escuela Nº 262 de Salinas Norte, al surgir el rol de Maestro Comunitario. A la luz de los objetivos del Programa de MC, fue imprescindible “volver a mirar” la escuela, mirar otra vez lo mismo pero con una mirada diferente, ya que la intervención docente también lo sería.

 

Publicado en Revista 120

Experiencia donde se muestra que es posible enseñar y aprender en cualquier “contexto” (sin dejar de lado todo lo que involucra: la misma escuela, alumnos, docentes, entorno comunitario, etc.) y de puertas abiertas a la comunidad, a las redes sociales, ya que en soledad no se puede, pero sí poniendo un “pensar” y un “hacer” desde lo colectivo y con diferentes miradas. Es necesario destacar las producciones de conocimiento de esas instituciones educativas, al igual que lo hizo Christine -una visitante ajena al centro educativo y a la comunidad, que visitó la escuela.

Se considera interesante plantear las palabras de Martinis:  «deberíamos poder comenzar a nombrar a las instituciones educativas por aquello que producen (acceso a la cultura, circulación de saberes, concepción del sujeto de la educación como un igual) y no por el contexto en el cual se encuentran ubicadas» (Martinis, 2005).

La autora finaliza su artículo, reflexionando acerca de qué está pasando, qué imagen se está dando en cuanto a las condiciones de educación y calidad educativa que se brindan como para generar en otros “el asombro-la maravilla” ante buenas prácticas educativas en las escuelas públicas uruguayas, sobre todo aquellas pertenecientes al programa
A.PR.EN.D.E.R.

Publicado en Revista 119

Mucho se ha escrito sobre el pensamiento y la obra de Agustín Ferreiro. 
A partir de la publicación de su libro La enseñanza primaria en el medio rural, producto de su participación en el Concurso Anual de Pedagogía de 1936, su figura fue resaltando en el panorama de nuestra pedagogía al punto de transformarse en un referente ineludible de los educadores uruguayos. Su modo particular de ver la vida escolar ha sido ejemplo para el accionar
de generaciones de maestros que ven en sus aportes el insumo necesario para muchas de sus prácticas, gracias a su pensamiento plenamente vigente.

En 1925, con solamente 32 años, Ferreiro llega en el rol de inspector a la Escuela Rural Nº 41 de Poblado del Sauce, Lavalleja, hecho que queda reflejado en el informe que él escribiera con motivo de esa visita. A partir del mismo, es que se realiza el presente artículo.

No es fácil saber cuánto puede haber incidido la experiencia de aquel día en sus ideales y su pensamiento, pero las impresiones que registró marcan claramente que una nueva imagen de Escuela Rural, productiva, emprendedora y desafiante, ya estaba presente en el imaginario de este maestro emblemático que tanto aportó a nuestra pedagogía.

Publicado en Revista 118

El autor plantea la construcción de un mapa. Considera que es necesario hacerlo. Como cualquier mapa, espera que sirva para guia en un tema que, por su dispersión institucional y de abordajes, necesita de una puesta a punto, un estado del arte o, al menos, una buena rosa de los vientos. No será un mapa demasiado detallado, pero marcará algunos contornos, algunas distancias y cierto esbozo topográfico. 
Considera que el rumbo está definido en torno al estado actual de la investigación académica sobre educación rural. 

Comienza definiendo la educación rural como objeto de estudio en términos generales, para luego describir las vertientes social, didáctica y pedagógica que el tema supone. Más adelante se centra en algunos posibles abordajes, en el marco de los déficits que ha tenido siempre el campo de la investigación sobre educación rural. Luego comienza a trazar el mapa propiamente.
Lo hace recorriendo tres territorios y deteniéndose en algunos acontecimientos de investigación en educación rural en cada uno de ellos. Partirá del contexto anglosajón, seguirá con los acontecimientos iberoamericanos y culminará en el territorio uruguayo.

Publicado en Revista 117
Sábado, 05 Noviembre 2016 00:00

Nuevos formatos escolares: ¿talleres?

Los docentes de la escuela N°88 “Alfred B. Nobel”, ya desde el año 1997, reflexionaron sobre cómo podían mejorar la calidad de la educación de los niños de su centro docente. Si bien la escuela contaba desde esa época con variados ambientes educativos, sentían la necesidad de potenciar el trabajo docente, las habilidades naturales de los niños y el uso de esos recursos que la escuela les brindaba. Es así que decidieron desarrollar nuevas formas de trabajo que tuvieran en cuenta la fortaleza de cada maestro y tendieran a una formación integral del niño.
Una vez por semana se implementó el trabajo en lo que se denominó en sus orígenes como Talleres Rotativos. En el artículo, se explicita cómo los llevaron adelante en esta escuela rural. 

Publicado en Revista 117

En el artículo, haremos especial mención al espacio de talleres, que forman parte de ese módulo tres del que habla el Acta 90 y que, por razones de flexibilidad e identidad escolar, muchas veces no se encuentra en el espacio vespertino y sí lo encontramos en el matutino.
Lo que está claro es que, desde un enfoque pedagógico-didáctico, los talleres no pueden desdibujarse, o no pueden dejar de ser.
Consideramos que, sin lugar a dudas, es un espacio diferente, un módulo diferente: supone la concreción de un currículo ampliado, que no signifique más de lo mismo en cuanto al trabajo con los módulos uno y dos. Es sin duda una nueva forma de organización del espacio escolar, que es diferente de lo que la escuela común ofrece y no puede constituirse en ser un formato en el que «en doble horario se reproduce el esquema tradicionalmente aplicado en el régimen de cuatro horas» (Bardier Leiza, 2011:11). Un taller supone una estrategia de enseñanza diferente y podemos encontrar variedad de talleres.

Publicado en Revista 117
Martes, 04 Octubre 2016 22:59

Experiencias comunitarias

Docentes que se desempeñan como maestras comunitarias comparten parte de su rica experiencia como maestras comunitarias en el departamento de Cerro Largo.

Publicado en Revista 116

Hace siete años, en el Congreso de Educación Rural "Maestro Jesualdo Sosa", celebrado en Piriápolis por iniciativa y organización de la FUM-TEP, la posición del magisterio rural se hizo sentir de manera contundente. La propia idea de organizar un Congreso en el mismo lugar en el que, 56 años antes se desarrollara el emblemático Congreso de 1949, que sentara las bases de la pedagogía rural uruguaya, ya constituía una fuerte señal política de resistencia. En el 2005 se estaba cumpliendo una década del quiebre que supusieron, para la Educación Rural, las políticas educativas asociadas con la administración de Germán Rama al frente del CODICEN, y que durante todo ese tiempo se habían materializado en un proceso descendente en cuanto a sus propuestas específicas (Pereira y Santos, 2006). La reacción de los maestros ya se había comenzado a dar formalmente en los Encuentros Nacionales de Maestros Rurales de 2003 y 2005, en el marco de las Asambleas Técnico Docentes; pero sería en el Congreso de octubre de aquel año donde esta posición alcanzaría su más alta trascendencia formal. El proceso descendente había desmantelado el Departamento de Educación Rural y todas sus acciones técnicas destinadas a los maestros rurales. Habían desaparecido las Unidades Escolares Rurales, ya no funcionaban las Unidades Móviles y ya no había ofertas de cursos de formación permanente para maestros rurales con el desmantelamiento del Centro "Agustín Ferreiro", institución encargada de tal cometido. Ya no se editaban publicaciones para los maestros y las escuelas rurales; la carga horaria de teoría y práctica vinculada a la Educación Rural en la formación docente fue paulatinamente cada vez menor y la tendencia oficial propiciaba el cierre de escuelas rurales pequeñas.

Los términos de la relación marcaron una reafirmación de los fundamentos, el concepto y los fines de la escuela rural plasmados en el Programa de Escuelas Rurales de 1949; pero también la necesidad de reformular sus contenidos. Sin embargo, más allá del debate por la estructura curricular, la posición del Congreso pasaba por la defensa de la pedagogía rural históricamente construida, como forma de enfrentar y resistir el embate adverso de las administraciones de Germán Rama y Javier Bonilla. De la misma forma que la generación de maestros que había impulsado el movimiento a favor de la escuela rural resistió las reacciones conservadoras de comienzos de los sesenta, con la puesta en marcha del Instituto Cooperativo de Educación Rural (ICER), las manifestaciones de los maestros rurales en los primeros años dle nuevo siglo se canalizaron por fuera del sistema formal.

Publicado en Revista 116
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